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Carta a un joven patriota

Carta a un joven patriota

¿Qué decirte en estos días tan convulsos en Cataluña y España? Se me ocurren muchas cosas. Llevo días dándole a vueltas al tema. Probablemente, te encuentres defendiendo uno de los dos bandos. Es muy difícil no hacerlo. Y mucho menos si eres adolescente o joven, porque te encuentras en un momento de tu vida con una fuerte necesidad de construir la identidad y agarrarte a entes superiores como pueden ser la religión o la patria. La patria es un concepto peligroso, por lo menos para mí, que ya te avanzo que me considero casi un apátrida, o mejor dicho, un multipátrida (no lo busques en el diccionario, no existe). Por la patria algunos van (o los mandan) a la guerra, son capaces de matar, de odiar a un desconocido o de sacrificar su vida. ¿Está la patria por encima de tu vida?, ¿vale más que la vida de un ser humano? Para muchos sí. Ser patriota supone amar una bandera, un himno, una historia común, un territorio. Es difícil resistirse. Ciertamente, es una idea atractiva. Da identidad y crea grupo. Nos hace sentirnos uno, sentir que hay algo por encima de nosotros que da sentido a la vida. Nos acelera el corazón y nos hincha el pecho. Genera emociones viscerales y ahí radica su peligrosidad. Limita nuestra capacidad de parar y reflexionar, de cuestionar, de escuchar la idea del otro sin condenarla a la segunda frase. Estos días veo a gente sufrir por su patria. Cada uno con sus razones históricas, sus himnos, sus banderas, sus legalidades y la defensa de sus territorios. Tuve un profesor de historia en la universidad que decía que ésta rara vez podía servir como argumento, porque cada uno la coge donde la interesa. Y cada uno la escribe a su antojo. Te diré que fui patriota y por eso entiendo los sufrimientos de estos días. Recuerdo mi visceralidad y mi incapacidad para entender que le estaba negando al otro lo que era necesario para mí: una nación, un país. Ahora soy casi apátrida, o como te decía al principio, multipátrida. Amo Cataluña y amo España. Y las amo tanto como ellas me aman a mí, que es bien poco, como a mucha gente. Gente sin casa y casas sin gente. Esas son las patrias que a día de hoy se disputan adeptos. Ninguna ha hecho nada al respecto. ¿Sabes por qué? Porque como dijo Kenedy en su momento: “No pienses que puede hacer tu país por ti, sino piensa qué puedes hacer tú por tu país”. Yo, en cambio, enarbolaré la bandera de aquel país que pueda hacer algo por mí y por el otro, más allá de himnos, banderas y fronteras. Te invito a que des...

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No puedes controlar: sólo escuchar

No puedes controlar: sólo escuchar

¿Puede una madre o un padre evitar que su hij@ adolescente sufra?, ¿puede evitar que le hagan daño?, ¿que sufra un accidente o que le pase algo grave? La verdad es que cuanto más se acercan a la adolescencia más difícil es protegerlos. Cuando son pequeños podemos ejercer un control físico sobre los hijos. Vamos con ell@s a muchos lados: los recogemos a la salida del colegio, los llevamos a las actividades extra-escolares, a las competiciones de fin de semana, al concurso de poesía, … La adolescencia supone un cambio importante en este sentido. Ni te quieren a su lado, ni toca. O por lo menos no tanto como antes. Entonces, ¿cómo podemos protegerlos? Pues es bien fácil: escuchando. Es bien fácil si lo has ido practicando en los años anteriores, si no, empieza ya el curso acelerado de comunicación y escucha activa con adolescentes. En este sentido, me viene a la cabeza una conversación reciente con una madre: Fran: La mayor protección es que te cuente qué hace, por qué lo hace, qué le da miedo, qué le gusta, quién le cae bien y quién mal, qué está experimentando,… Madre: Pero si no habla, si nunca cuenta nada. Además, los expertos dicen que los adolescentes hablan poco, que tienden a cerrarse. F: Y dicen bien los expertos. M: ¿Entonces? F: Entonces te toca favorecer momentos de diálogo, varias veces al día. Preguntar cómo está, cómo le ha ido en el instituto, qué tal con los amigos o ese partido que tenía hoy, qué plan tiene para el fin de semana,… M: Ya lo hice el otro día y no dio resultado. Me dijo que eso eran cosas suyas. F: ¿Conoces el dicho tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe? Pues de eso se trata. No olvides que como bien dicen los expertos es un adolescentes y antes le contará cualquier cosa a un amigo que a sus padres. No te contará las cosas a la primera, ni el día que crees. Pero es más fácil si lo intentas cada día, que si abandonas a las primeras de cambio. Abandonar nunca es una opción. M: Dirá que soy una pesada, ya me lo ha dicho alguna vez. F: He escuchado a muchos adolescentes decir: “mis padres son un coñazo, están todo el día encima mío, que cómo estás, qué cómo te ha ido hoy, que si esto que si lo otro,… pero en el fondo yo sé que lo hacen porque se preocupan”. Y ahí está clave. Les tiene que llegar el mensaje de que hay alguien adulto que se ocupa y preocupa por ellos. Eso es dejar la puerta abierta para que cuando le...

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Fumando porros

Fumando porros

Empiezas a detectar que tu hij@ llega algunos días fumado a casa. La primera vez te hiciste un poco la que no se da cuenta o encontraste mil excusas para creer que no era eso lo que estaba pasando. Pero ahora ya es algo que comienza a ser muy evidente y decides pasar a la acción. Y la acción consiste en: Dejarle claro que sabes que está fumando porros. Preguntarle por qué te está haciendo esto. Explicarle que está echando su vida por la borda. Ponerle un ejemplo de alguien que conoces a quien la droga le destrozó la vida. Preguntarle: ¿por qué has cambiado? Con lo buen niño que eras de pequeño! Eres una madre o un padre preocupado por tu hij@. Y los porros, o las drogas en general, te asustan. Y cuando uno se asusta puede perder la perspectiva de las cosas. Porque tú eres una madre preocupada por tus hij@s, pero en tu retahíla de preguntas no hay ni una pregunta para saber cómo se siente. Es probablemente lo que más te preocupe de tu hij@: que sea feliz, que se sienta bien, que se sienta querido, que haga cosas que le gustan,… Pero has perdido la perspectiva y tus preguntas están enfocadas a resolver cómo te sientes tú: te dan miedo las drogas, te asustan, sufres al pensar que tu hij@ pueda entrar en “un mundo de drogas”. Es natural que te dé miedo, hay motivos para ello, pero el miedo no puede mandar en este momento. Puede estar y participar de nuestras decisiones, pero no tomar las riendas. Es mucho más importante saber cómo se siente tu hij@, por qué está fumando marihuana, qué le aporta, qué consigue, cómo se siente antes y cómo se siente después. No es tonto, no fuma porque se deja llevar. Puede que el primer día que fumó lo hiciera por la presión de los amigos, pero si fuma cada día es porque obtiene algún beneficio. Las drogas cambian nuestra perspectiva de las cosas, alteran nuestro estado de consciencia: si estamos muy agobiados por algo nos relajan, nos ayudan a desconectar, a no pensar en los problemas, también nos estimulan, facilitan que hablemos más o que riamos más, nos convierten en personas más sociables, … Nos aportan algún beneficio ante una situación determinada. Tienes una evidencia clara en el alcohol. Cuando bebemos alcohol somos más sociables, los problemas parecen menos importantes, encontramos más motivos para reírnos de la vida y conectar con el otro, nos permitimos decir aquello que normalmente no decimos y nos sentimos más auténticos, etc. Es más interesante saber cómo se siente y conocer cuáles son las situaciones que consigue “modificar” con su consumo: tristeza...

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No lo digo yo, ni lo dijo Sócrates

No lo digo yo, ni lo dijo Sócrates

“Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros. Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros.” Esta cita atribuida a Sócrates, no es suya. ¡Ya les gustaría a muchos llevar razón desde hace más de dos mil años! Data de 1953 y creo que Sócrates, por aquellos entonces ya hacía tiempo que no andaba por estos lares. Es recurrente que los adultos hablemos de esta manera de los adolescentes y jóvenes. ¿Por qué tendemos a vernos a nosotros mismos cuando éramos jóvenes como más responsables? ¿Por qué creemos que nuestra juventud fue más sana y más respetuosa que la de los jóvenes de hoy? Muchas son las preguntas y muchas podrían ser las respuestas que expliquen nuestra manera adulta de pensar. Aquí os dejo una que, con humor y música, podría ser muy válida.  ...

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Aprender sin divertirte: deja de ser agua

Aprender sin divertirte: deja de ser agua

Recuerdo que de niño sentía especial predilección por los adultos que me hacían reír, incluso en el colegio. Aquella profesora, profesor, que conseguía sacarnos una risa en clase tenía nuestra atención asegurada. Por supuesto, después de un poco de jaleo y carcajadas. Ya de adolescente, la risa era la forma más segura de relacionarte en el instituto. A veces, la única que te garantizaba salir vivo de algunas situaciones y superar otras un tanto crueles. De adulto descubro que aprender y divertirse son las dos caras de una misma moneda. Si algo no divierte, no enseña. Si algo te enseña, te divierte. Así solía empezar, hace años, las sesiones grupales con jóvenes en un centro de inserción laboral. Tenemos que lograr dos objetivos – les decía – aprender y divertirnos. Si lo que aprendes no te entusiasma, no te motiva, no te genera una sensación de satisfacción de poco sirve, lo olvidarás rápidamente. Si, por otro lado, lo único que quieres es divertirte no quiero robarte tu tiempo, porque eso lo puedes hacer en tu tiempo libre, cuando tú decidas y sin más objetivo que la propia risa, con tus amigos, de manera espontánea. No es posible – concluía – separar las dos acciones, es como querer, en el agua, separar el hidrógeno del oxígeno. Se puede, pero deja de ser agua. ...

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