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Fumando porros

Fumando porros

Empiezas a detectar que tu hij@ llega algunos días fumado a casa. La primera vez te hiciste un poco la que no se da cuenta o encontraste mil excusas para creer que no era eso lo que estaba pasando. Pero ahora ya es algo que comienza a ser muy evidente y decides pasar a la acción. Y la acción consiste en: Dejarle claro que sabes que está fumando porros. Preguntarle por qué te está haciendo esto. Explicarle que está echando su vida por la borda. Ponerle un ejemplo de alguien que conoces a quien la droga le destrozó la vida. Preguntarle: ¿por qué has cambiado? Con lo buen niño que eras de pequeño! Eres una madre o un padre preocupado por tu hij@. Y los porros, o las drogas en general, te asustan. Y cuando uno se asusta puede perder la perspectiva de las cosas. Porque tú eres una madre preocupada por tus hij@s, pero en tu retahíla de preguntas no hay ni una pregunta para saber cómo se siente. Es probablemente lo que más te preocupe de tu hij@: que sea feliz, que se sienta bien, que se sienta querido, que haga cosas que le gustan,… Pero has perdido la perspectiva y tus preguntas están enfocadas a resolver cómo te sientes tú: te dan miedo las drogas, te asustan, sufres al pensar que tu hij@ pueda entrar en “un mundo de drogas”. Es natural que te dé miedo, hay motivos para ello, pero el miedo no puede mandar en este momento. Puede estar y participar de nuestras decisiones, pero no tomar las riendas. Es mucho más importante saber cómo se siente tu hij@, por qué está fumando marihuana, qué le aporta, qué consigue, cómo se siente antes y cómo se siente después. No es tonto, no fuma porque se deja llevar. Puede que el primer día que fumó lo hiciera por la presión de los amigos, pero si fuma cada día es porque obtiene algún beneficio. Las drogas cambian nuestra perspectiva de las cosas, alteran nuestro estado de consciencia: si estamos muy agobiados por algo nos relajan, nos ayudan a desconectar, a no pensar en los problemas, también nos estimulan, facilitan que hablemos más o que riamos más, nos convierten en personas más sociables, … Nos aportan algún beneficio ante una situación determinada. Tienes una evidencia clara en el alcohol. Cuando bebemos alcohol somos más sociables, los problemas parecen menos importantes, encontramos más motivos para reírnos de la vida y conectar con el otro, nos permitimos decir aquello que normalmente no decimos y nos sentimos más auténticos, etc. Es más interesante saber cómo se siente y conocer cuáles son las situaciones que consigue “modificar” con su consumo: tristeza...

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